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Tu herida no es tu culpa, pero la curación sí es tu responsabilidad

Tu herida no es tu culpa, pero la curación sí es tu responsabilidad

Sufriste inmensamente, perdiste tu autoestima y tu corazón se rompió. No fue tu culpa, pero lo que hagas de ahora en adelante sí es tu responsabilidad.

Sentir que te rompen el corazón en mil pedazos es traumatizante. Puede quitarte las ganas incluso de vivir. En ese momento, no solo te sientes decepcionado con la persona que te lastimó, sino contigo mismo y con el mundo entero.

Pero ten en cuenta que no fue tu culpa. El dolor que sientes en tu corazón se debe a que diste lo mejor de ti y sin embargo, recibiste un pago desleal y horrible.

Pero justo ahora, cuando el corazón se siente desfallecido y el dolor te ha quitado toda esperanza, es momento de desempolvarte y seguir adelante.

Sentir dolor en la vida tras una decepción es natural, pero no debes quedarte demasiado tiempo en ese estado. Mientras más permanezcas avivando la herida como se aviva un fuego, tu sanidad no llegará, se enfermarán tu cuerpo, tu mente y tus emociones. ¡Sé libre!

Es hora de seguir adelante. No importa si sientes que no tienes fuerzas, las tienes. Ten en cuenta que todo ser humano tiene la capacidad de sanar y recuperarse de un golpe solo con decidirlo.

Abre una nueva página en tu vida. No significa que, en el caso de que hayas terminado una relación, inicies otra con otra persona; más bien quiere decir que empieces a escribir una historia en la que esa persona que te hirió no interfiera.

Empieza a trabajar aquello que sabes que es débil, o que se debilitó en ti a raíz de la decepción, como por ejemplo tu autoestima.

“Diga el débil: Fuerte soy”. Joel 3: 10.

Es tu tiempo para fortalecerte, no con soberbia, ira o rencor; sino con amor. Empieza a tratarte a ti mismo con gentileza, recuerda que eres un ser amado por Dios, el ser más sublime de todos.

Por tanto, trátate en este tiempo con dulzura. Cuando encuentras a un animal herido, si tienes al menos un poco de empatía, seguramente le tratarás con gentileza, dulzura e intentarás ayudarlo.

Del mismo modo, al corazón herido hay que tratarlo como si tuviera una herida real. No hay que precipitarlo, no hay que tratarlo con rudeza ni hay que echarle culpas encima.

Es tu tiempo de sanar, sal de la cueva de la tristeza y la melancolía. Puede que te sientas incomprendido, pero en este punto, solo necesitas entenderte a ti mismo.

Te hirieron, cómo lo siento. Quiero decirte mi querido lector que no fue tu culpa. Pero solo en tus manos está el poder de la decisión para sanar. Decide ser sano hoy.