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Terminé contigo y empecé conmigo…

Terminé contigo y empecé conmigo...

Nuestro final fue un nuevo comienzo para mí ¡florecí!

No puedo ponerle nombre a la fase que estoy viviendo, pero ya estoy bien. Cuando la relación terminó, pensé que el mundo se acababa, que todos los sueños que había construido junto a ti se venían abajo y no quedaba nada.

Sin embargo, de la nada empezó a florecer un pequeño huerto que se ha venido convirtiendo en un hermoso jardín.

De mi desierto brotaron ríos y de mi soledad flores. Sin saberlo, cuando la relación terminó yo fui libre y seguramente tú también. Simplemente no éramos el uno para el otro.

Dolió admitirlo, te abracé tan fuerte en el corazón que soltarte era doloroso porque estabas encarnado en mí. Y no dudo que para ti también haya sido duro, ahora que lo veo en perspectiva.

Pero solo cuando terminé contigo, o cuando me terminaste, fue que pude mirarme a mí misma. Sin máscaras, sin verme a través de tus ojos, me pregunté qué era lo que yo quería sin tenerte en cuenta y fue difícil encontrar una respuesta.

Difícil, pero no imposible. Desde hacía mucho no me veía a mí misma por separado. Se me había olvidado quién era, porque la identidad que tenía era en conjunto.

Pero este solo fue el punto de partida y no pasó demasiado tiempo cuando me volví bastante ágil en el ejercicio de amarme a mí misma. Comencé tan pronto como pude y rápidamente descubrí que me disfrutaba mucho, que tenía un corazón hermoso y que como dicen por ahí “no hay mal que por bien no venga”.

Básicamente, todos los males tienen un propósito de enseñanza y sabiduría en nuestras vidas. Yo no sufrí demasiado cuando todo se acabó porque me quedó tiempo de sobra para dedicarme a mí misma.

“Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito” (Romanos 8:28).

Me equivoqué. Pensé que la vida sin ti sería infeliz y desdichada. Pero mírame, no estás y yo me siento plena, feliz, llena de vida. Y de corazón espero que tú te encuentres en la misma situación, porque el amor que sentía por ti en un punto se convirtió en dolor, pero una vez que sanó, se convirtió en perpetuas bendiciones que envío desde la distancia a tu persona.

Ahora sé que no necesito a nadie para ser feliz. Dios está en el centro de mi corazón, inamovible, y esa es la fuente de toda mi alegría cada día.

Me miro y no me reconozco, pero no en un mal sentido, es que nunca pensé que luego de una travesía tan dolorosa, yo podría llegar a ser tan feliz.

Si has atravesado por una relación que te ha dejado el corazón en mil pedazos, es momento de comenzar contigo, con la ayuda de Dios.