septiembre 29, 2020

Solo porque tenga 90 años no significa que esté lista para morir, o que sea desechable

Varda Yoran, una políglota y escritora de más de 90 años, contó a HuffsPost cómo ha sido su experiencia ante el COVID-19.

Varda habla cinco idiomas, escribe ensayos y usa WhatsApp para comunicarse con sus amigos de Finlandia, China, Noruega, Inglaterra, Israel, Rusia, Tailandia y en todo Estados Unidos. También tiene una fundación en la que ayuda a personas de la tercera edad inmóviles. Asiste a clases y actualmente está organizando un club de filosofía a través de Zoom que analiza la ética, el perdón, la ira, la creatividad y varios otros temas.

Es una persona de 90 años con proyectos que todavía planea realizar y no tiene una perspectiva muy diferente a los demás respecto al aislamiento social y al COVID-19. Ha vivido mucho, pero no cree que su tiempo ha terminado y que debe resignarse. Su estilo de vida nos hace reflexionar acerca de cómo miramos y tratamos a nuestros ancianos, sobre todo en esta pandemia.

“A los 90 años, he vivido mucha historia, pero nunca he visto una situación como esta”. Dice Varda.

Según esta sabia mujer, la crisis del COVID-19 ha sacado lo peor de las personas malas y lo mejor de las personas buenas. Sugiere que el mundo necesita empatía a gran escala antes de volver a activarse.

“Algunas personas pueden sugerir que si muriera por el coronavirus, al menos habría vivido una vida plena. Y sí, he vivido una vida plena”.

Varda nació en China, hija de padres judíos que abandonaron Rusia después de la Primera Guerra Mundial para buscar refugio contra el antisemitismo, la hambruna y los pogromos. Vivió sus primeros 20 años en China, sobreviviendo a la ocupación japonesa Tientsin, la ciudad donde vivía, durante la Segunda Guerra Mundial. Luego, vivió los siguientes 30 años en Israel. Enseñó hebreo a niños inmigrantes judíos, prestó servicio como artista gráfico en Fuerza Aérea, se casó y crió dos hijas. El trabajo de su esposo los llevó a los Estados Unidos en 1979. Cuando eso ocurrió, tenía 50 años y ella no sabía que este sería el comienzo de un período durante el cual crecería y florecería como artista.

A los 60 años, la vida de Varda prácticamente empezaba. Creó esculturas para espacios abiertos en lugares como la Universidad de Tel-Aviv y el Museo de Resistencia Ghetto Fighters. A los 82 años estaba colaborando con escritores y ahora es cuando tiene proyectos que planea llevar a cabo. Por eso, su mensaje para la sociedad es que los adultos mayores todavía tienen mucho para ofrecer en sociedad, aunque los vemos como “los más vulnerables” la verdad es que pueden ser los más fuertes y determinados. Varda concluye:

“No soy desechable, y me entristece que haya personas que piensan que la edad dicta si vale la pena salvar una vida humana. Puedo decirles que yo y mis seres queridos queremos que viva durante muchos años. Quiero asistir a la graduación de la escuela secundaria de mi nieto y ver a qué universidad asistirá. Quiero ver a mi nieto mayor, que está casado, convertirse en padre. Quiero continuar mi vida alegre. No puedo viajar tan extensamente como antes, pero quiero visitar Israel nuevamente. El hecho de que tenga 90 años no significa que no tenga cosas que aprender y habilidades que perfeccionar”.

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