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Si tu sinceridad ofende al otro, guárdatelo para ti

Si tu sinceridad ofende al otro, guárdatelo para ti

Hay una línea muy clara entre ser sincero y ser consciente. La sinceridad se convierte en un defecto cuando no es una herramienta de bondad, empatía y crecimiento.

La sinceridad es aclamada como una gran virtud y de hecho muchos dicen que su principal cualidad es ‘ser sincero’. No obstante, las personas que son sinceras y no tienen consideración por el peso de sus palabras, no se dan cuenta que están ostentando de un defecto, no de una virtud.

Las personas que practican la sinceridad sin sentir un mínimo de empatía, a menudo socavan la seguridad de otros, humillan y se muestran como seres de un intelecto o cualidad superior solo por ‘decir la verdad’.

Pero sucede que quienes no prestan atención al efecto que pueden causar sus palabras, a menudo son los que encienden la mecha de un enorme fuego. Incendio que luego pretenden apagar con la frase ‘yo solo fui sincer@’.

En esos contextos, la sinceridad es irrelevante, incluso es molesta. Cuando pienses que tienes la razón y tengas todos los argumentos a favor, pero tus palabras pueden ser hirientes, retrocede.

No seas arrogante, abstente de evidenciar lo evidente. Incluso es probable que nadie esté pidiendo tu opinión del asunto.

Para tus adentros, puedes sentirte pleno de saber que estás del lado más cercano a la verdad. No obstante, no es necesario que expongas la falta de la otra persona. Guárdate tu sinceridad, porque no edifica, no hace florecer al otro, no lo levantará cuando se caiga y no lo alimentará cuando tenga hambre.

Contrariamente, tus palabras ‘sinceras’ pueden tener el poder de derribar a la persona, de hacerle sentir culpable (aunque no arrepentida), de hacerle sentir insegura, insatisfecha e inferior. Y sabe Dios que no eres quien para ser juez y verdugo sobre otro.

Pues en efecto, la sinceridad sin empatía te convierte en un juez. Nadie te ha conferido la investidura de representante de la sinceridad. Así que no tienes nada que demostrar ni te encuentras en una posición superior para actuar como juez de las acciones de otros.

La verdad es que las malas personas y las que no miden el peso de sus palabras sobre otros no son muy diferentes.

Por supuesto que esto no quiere decir que es mejor mentir y ser hipócrita. Al contrario, la hipocresía puede ser incluso más tóxica. En su lugar, esta reflexión va dirigida a complementar la sinceridad con otras virtudes para que realmente sea una cualidad.

Por tanto, cuando practiques la sinceridad, asegúrate de ser:

  • Amable y atento: Que el tono de tus palabras no manifieste un sentimiento de superioridad ni sea burlón o cruel.
  • Empático: Asegúrate de comprender la situación en la que se encuentra envuelta el otro para no emitir un juicio demasiado duro con tu ‘sinceridad’.
  • Respetuoso: No siempre debes expresar lo que piensas sobre un asunto, sobre todo si sabes que el punto de vista de la otra persona es completamente opuesto.
  • Edificante: Considera si tus palabras son constructivas, oportunas y fortalecen el autoestima del otro.