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Si necesitas rogar, entonces no es amor, ¡es apego!

Si necesitas rogar, entonces no es amor, ¡es apego!

¡Vivir un amor sano es algo ligero y apacible! Si amar te genera angustia, tal vez no es amor.

Todos deseamos ser amados, venimos al mundo en un mar de llanto pidiendo contención, y eso dice mucho. Pero a medida que crecemos debemos aprender a amarnos a nosotros mismos, a recibir amor con gratitud y a amar a otros.

Lamentablemente la vida no siempre es fácil para todos, y en la primera infancia no obtenemos las herramientas que necesitamos para vivir el amor saludablemente en todas sus facetas.

Es así como crecemos creyendo que cualquier cosa es amor. Nos sumergimos en relaciones muy tóxicas que nos hacen más mal que bien y justificamos el daño a causa del “amor”.

Incluso se nos ha vendido románticamente la idea de que amar y sufrir van de la mano. Falso.

También se nos ha dicho que el amor es ciego y sordo. Si bien cuando estamos enamorados inhibimos muchos sistemas de defensa (bajamos un poco la guardia) no significa necesariamente que tengamos que convertirnos en seres irracionales por causa del amor.

Todo esto no nos habla del amor, nos habla del apego, de la necesidad de aprobación, de la desesperación por afecto, de la baja autoestima y de las heridas del pasado.

Tenemos una imagen distorsionada del amor si debemos implorar afecto, si tenemos que recurrir a la súplica y si el cariño se ha convertido en una negociación con nuestra pareja.

Definitivamente no es amor. En una relación en la que hay que rogar, no hay ni amor propio ni amor recíproco.

El que implora amor no se valora a sí mismo y alternativamente no está entendiendo que la otra persona no le ama ni le valora. Porque si alguien puede ver en ti la maravillosa persona que eres, jamás te dejará rogar, pues no habrá llegado la palabra a tu boca cuando la persona ya estará movilizándose por su causa.

El cariño no se demanda, fluye naturalmente. Si bien es importante discutir las expectativas de afecto con la pareja, las demostraciones de amor y las atenciones no pueden convertirse en una demanda.

Si tienes que rogar todo el tiempo, tal vez sea el momento de decir adiós. No tanto por la otra persona, sino por ti mismo, pues no te estás valorando lo suficiente.

Si no nos sentimos completos con nosotros mismos, cuando alguien nos interese y no nos corresponda, es muy probable que terminemos suplicando por un poco de afecto.

Así que para no interpretar ese papel tan desagradable en la vida, es mejor trabajar en nuestros miedos y carencias antes de buscar pareja. De esa manera, tendremos una imagen más saludable del amor y podremos identificarlo correctamente cuando lo hallemos.