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Quien se victimiza por todo es como un niño, aún no ha aprendido a aceptar el “no” de la vida

victima

Las personas que se quejan y se victimizan, probablemente comparten este problema: no han aprendido a aceptar los “no” de la vida.

Aprender a aceptar el “no” ocurre desde la infancia. Cuando nuestros padres, tutores o cuidadores no nos enseñan lidiar con lo que se nos niega, de una u otra manera nos convertimos en personas muy caprichosas.

El capricho muchas veces no se manifiesta de forma directa. Puede pasar que armemos un berrinche por algo que no sale como queremos o que nos quejemos de que la vida es injusta con nosotros solo porque no obtenemos lo que queremos.

Y no siempre lo que queremos es justo. De hecho, los seres humanos vivimos por gracia. A este mundo vinimos desnudos, hambrientos y con una necesidad imperiosa de llorar para recibir contención y afecto. Llegamos al mundo completamente necesitados y fuimos suplidos de todo sin dar nada a cambio.

Así que si queremos hablar de justicia, seguramente quedaremos a deber, porque todo cuanto tenemos es por gracia.

Quien ha entendido esta tremenda verdad vive completamente agradecido. Y en el lado opuesto, quien se cree merecedor de todo y aún considera que la vida le debe mucho, vive frustrado, amargado, con quejas y en una posición victimizada.

Estos son los niños adultos que no entienden cuando la vida les está diciendo que no. Puede que sean bendecidos en muchos aspectos, pero no pueden quitar la vista de aquello que les hace ‘infelices’. Por tanto, no se sienten agradecidos sino víctimas de la desgracia.

Todos en algún momento nos hemos empeñado en cosas que no son para nosotros. Y por causa de esto hemos sufrido más de la cuenta.

A veces, aprender a conocer la voluntad de Dios toma tiempo, pero Dios tiene un lenguaje sabio y fácil de entender. Lo más importante es reconocer cuando la respuesta de parte de Dios es un “no”.

Si te ciñes a su voluntad, todo será más fácil, no tendrás que luchar demasiado por cosas que al final solo te traerán tristezas. Si bien para nuestro corazón caprichoso el recibir un “no” puede sentirse como una bofetada, a medida que el corazón va madurando aprende a agradecer cada “no”.

Y los “no” que vienen de parte de Dios no se agradecen de inmediato, por lo general es necesario que pase el tiempo para darnos cuenta que no convenía.

El tiempo es el mejor siervo de Dios porque es transparente y dice la verdad en su momento. Por tanto, si has notado que estás recibiendo un “no” por respuesta, no te victimices ni te quejes, espera un tiempo, y verás lo bueno que ha sido Dios contigo al negarte algo que probablemente te haría mucho daño.