octubre 21, 2020

Quien se arrodilla con humildad y fe es visto como grande a los ojos de Dios

Dios atiende a los humildes y a los altivos les mira de lejos. Esto enseña en su palabra, en el libro de los Salmos. Si realmente queremos acercarnos a Él, es necesario quitar toda altivez y soberbia.

La soberbia es uno de los mayores males de nuestro tiempo, todo el mundo cree tener la razón y saber de lo que está hablando. Básicamente, nadie quiere ser enseñado, instruido y mucho menos corregido. Cada quien cree tener el monopolio de la razón y no está dispuesto a negociar.

Con estas cosas, en mayor o menor medida, todos hemos cargado nuestro corazón, y cuando vamos a orar, demandamos cosas a Dios como si Él fuera nuestro siervo en lugar de nuestro Señor. Pedimos a Dios muchas cosas que queremos o deseamos por las razones equivocadas y nos olvidamos de decirle “Señor, yo deseo esto, pero hágase tu voluntad”.

A veces la soberbia y la altivez son muy evidentes, pero otras veces, se diluyen entre un montón de buenas intenciones. Nosotros no nos damos cuenta, pero Dios, que es el que pesa los corazones, sabe cuáles son las verdaderas intenciones de nuestro corazón y no actúa como si fuera nuestro títere.

¿Alguna vez te has alejado de Dios o “decepcionado” porque no te ha cumplido algo que pediste con todo tu fervor? Dios no es una lámpara mágica que cumple todos tus deseos, porque Él no es esclavo (como los genios) Él es Señor, y como tal, gobierna con un poder muy superior al nivel en que tus deseos pueden llegar.

Si te hace falta sabiduría para aprender sus designios, pídela a Dios y Él te la dará conforme a la medida de tu fe. Porque sus pensamientos son elevados, y no cualquiera, pensando con una mente de este mundo, puede comprenderlos o alcanzarlos.

Aprende a abrazar su voluntad con humildad y confía con plena certeza que el Creador de los Cielos y de la tierra, tiene un plan en el cual tú estás incluido. Cuando entres en oración, echa por tierra tus argumentos, arroja tus rencores, deshazte de todo lo que te hace peso para acercarte a Dios. Preséntale un corazón humillado y Él se mostrará benigno y misericordioso contigo.

Cuando desarrollas una relación cercana con Dios, Él sabe de qué tienes necesidad y antes de que pidas, el abre puertas para que tú seas bendecido en todo aquello que te hace falta. Pero en general, no está mal pedir a Dios, lo que sí está mal es esperar que Él haga nuestra voluntad, no la de Él.

Pidamos entonces con más sabiduría, pidamos a Dios que transforme nuestro corazón y nuestra mente, para que pidamos conforme a su voluntad; y que si algo pedimos que no sea de su agrado, tengamos un corazón tan manso como para aceptar la enseñanza y la negación.

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