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Para ser un verdadero líder, primero aprende a servir y escuchar

Para ser un verdadero líder, primero aprende a servir y escuchar

Liderar es servir, no ser servido. Los líderes por lo general al ser reconocidos tienen que navegar por las turbias aguas de la vanidad hasta encontrar la humildad a través del servicio.

La línea entre la vanidad y la humildad es más delgada de lo que cualquiera podría imaginar. Una misma persona puede tener un acto de humildad admirable y pocos minutos después dar una respuesta prepotente.

Los líderes y las personas que son foco de atención sobre todo, deben luchar por mantener los pies en la tierra, comprender su propósito y cultivar la humildad.

Incluso cuando una persona se reconoce a sí misma como “humilde”, ya está dando una clara muestra de vanidad. Porque nadie necesita vender sus virtudes ni hablar sobre lo bueno que es en algún aspecto. Es mejor que te reconozcan los demás a que te reconozcas a ti mismo.

¿Qué pasa cuando el líder se convierte en el centro de atención?  Por lo general la vanidad entorpece el camino del líder. Su propósito es servir a otros para alcanzar un propósito, y ninguna persona prepotente sabe servir.

Por tanto, los verdaderos líderes necesitan mantener los pies en la tierra para ser verdaderamente buenos en su gestión de poder y autoridad.

Al líder le toca pelear incansables batallas contra sí mismo, porque el ser humano, cuando prueba un poco de poder se enaltece fácilmente.

El poder llama a la avaricia y un corazón vanidoso se auto engaña y se cree dios. De esta manera, los líderes pierden dirección, solo se escuchan a sí mismos y son capaces de llevar a la ruina los más prometedores proyectos, seducidos por su altivez.

El secreto para mantener la humildad en el liderazgo es enfocarse en servir. Que todo lo que el líder haga, lo haga para que el reconocimiento lo reciban otros y no él mismo.

Por otro lado, otro secreto para mantener los pies en la tierra es aprender a escuchar. El líder debe prestar su atención a quienes están por encima de él, en términos de autoridad, y a quienes están bajo su liderazgo.

Aprender a escuchar no solo implica estar atento a las voces alrededor, sino saber tomar lo bueno, productivo y edificante y desechar lo malo.

Pues un líder siempre va a estar bajo el foco de muchas críticas. Algunas pueden ser reveladoras e impulsarle a hacer cambios importantes. Otras, simplemente entorpecen el camino.

Mantener una buena relación con las críticas, manejarse entre los buenos y los malos comentarios, se convierte con el tiempo en un arte para los buenos líderes.

No hay líderes perfectos, pero sí hay liderazgos que intentan renovarse y ser mejores cada día. Para todos estos líderes, recuerden que el verdadero liderazgo se trata de servir y escuchar.