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Obligar a un niño a seguir las reglas no hará que sea disciplinado

Obligar a un niño a seguir las reglas no hará que sea disciplinado

Hay una gran diferencia entre educar y limitar a un niño. ¡Recuerda que los más pequeños siguen su propio ritmo!

Criar a un niño sin reglas, sin límites, es peligroso. Cuando esto ocurre se convierten en adultos arrogantes que no tienen respeto por las jerarquías ni sienten empatía por los demás.

Es por eso que los especialistas recomiendan poner algunas reglas simples, como no comer dulces antes de la comida o respetar la hora de dormir; y otras más significativas como manifestar respeto y pedir perdón a los demás. De esa manera, su desarrollo psicológico y social se beneficia, porque el que obedece las normas tiene más probabilidades de estar en un camino feliz.

Pero en esto de imponer normas en el hogar, es necesario que haya un equilibrio. Muchos padres no les permiten a sus hijos una pizca de espontaneidad, toda la vida familiar y social está regida por normas inquebrantables.

En lugar de criar a un hijo, da la impresión de que estuvieran creando una receta de repostería, donde las proporciones y medidas tienen que ser exactas para que todo quede “perfecto”.

Lo que estos padres no han considerado es que hay estudios que demuestran que los hijos que han tenido una crianza demasiado rígida a menudo terminan teniendo problemas de autoestima y autoconfianza, así como temores que les acompañan toda la vida.

Además, las personas que han tenido una crianza muy rígida terminan teniendo problemas de creatividad, no saben cómo es el mundo más allá de la norma, por tanto, se sienten estresados y ansiosos en ambientes donde todo es impredecible. ¡Y la vida es impredecible!

Esto revela que exagerar con la disciplina no sirve de nada. No garantiza tu hijo vaya a ser una persona exitosa.

Hay algo valioso respecto a la disciplina: prepara a tu hijo para un mundo en el que a menudo debe aprender a hacer lo que se le pide. Esto le ayudará en el trabajo, en la vida social e incluso en su vida familiar. Y lo más importante, le ayudará a trazarse metas y cumplirlas.

Pero como todo en exceso es malo, ya ves que la crianza rígida puede traer muy malas consecuencias.

Tal vez no quieras escuchar esto como padre, pero que tu hijo rompa las reglas de vez en cuando ¡no está mal! Tiene que descubrirse, reencontrarse, aprender de sus errores, superar el fracaso y la frustración, asumir el castigo, llegar a sus conclusiones a través de la experiencia.

Como padres, queremos que los niños no sean tocados por nada malo en este mundo. Y podemos hacer un trabajo excelente en este sentido, creando cercos de protección. Pero en algún momento llegará el fracaso, la desilusión, los problemas y la angustia.

Enséñale a tu hijo a vivir con disciplina, pero también enséñale cómo sobrevivir fuera del molde, más allá de las reglas.