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No todo saldrá bien siempre, y ese no es el fin del mundo

éxito

La resiliencia nos enfrenta a la aceptación, vamos a fracasar, pero eso no significa que tengamos que lanzar todo por la borda.

Muchas personas no quieren volver a intentarlo simplemente porque el fracaso fue doloroso. Para ellos, este mensaje.

El fracaso es duro, siempre dolerá, ya sea en el amor, en el trabajo, en la fe, en la familia. La caída es decepcionante, nos hace ver a nosotros mismos y a los demás con ojos de melancolía.

Si bien desde pequeños nos han enseñado que en la vida no siempre se puede ganar, cuando fracasamos el corazón se llena de desesperanza y es difícil sacudirse el polvo y seguir adelante.

El sentimiento de desesperanza es uno de los más difíciles de abordar. Porque un ser humano sin esperanza, desahuciado, no tiene motivación para vivir. Es uno de los sentimientos más fuertes vinculados a la depresión.

Es natural sentir desesperanza cuando algo que queríamos y que nos importaba se derrumba ante nuestros ojos. Pero cuando mantenemos demasiado tiempo este sentimiento de desesperanza en el corazón, nos cerraremos a todo lo nuevo, posiblemente bueno, que venga a nuestras vidas.

Más tarde, la desesperanza invitará al temor, no queremos volver a repetir el trauma del pasado, y entonces nos encerraremos en nosotros mismos.

Con el tiempo, el temor comenzará a tomar decisiones por nosotros. Diremos que no a grandiosas oportunidades porque la desesperanza y el temor, en alianza, nos dicen que no va a salir bien.

Cuando las oportunidades pasen y encontremos nuestra vida viciada de rutina y soledad, llegará la amargura. La amargura dialogará con la desesperanza y nos dirá que el mundo es un lugar hostil, que no hay amor, trabajo, oportunidades y ambiciones para nosotros.

Y así sucesivamente, el corazón se irá llenando de tanto dolor y melancolía, que cada día será difícil levantarnos de la cama.

La pregunta es ¿somos felices? O más importante incluso ¿somos libres? O estamos esclavizados en nuestros propios corazones por la desesperanza, el miedo, la amargura y la melancolía.

No vivas este ciclo, rómpelo. No todo saldrá bien siempre, y ese no es el fin del mundo. Aunque el fracaso duela, no te quedes allí, vuelve a intentarlo.

Si lo intentas, tienes más probabilidades de éxito que si simplemente no lo intentas. Si quieres lograrlo o hacerlo mejor esta vez, tan solo tómate el tiempo para reflexionar y aprender de los errores del pasado.

Tómate el tiempo que necesites para recuperarte, pero por favor, no te cierres, no te niegues. Dale espacio a la resiliencia, a esa capacidad de resistir, aprender y avanzar en tu vida.