Saltar al contenido

No soy una hermana perfecta, pero me siento afortunada por las hermanas que tengo

hermanas

Como hermana siempre me siento en deuda, y es que me han tocado unas hermanas tan maravillosas que decir simplemente gracias no es suficiente.

Esta es una carta de amor para las hermanas, las incondicionales, que siempre se quedan cuando todos se van. Si tienes una hermana así, dedícasela.

Querida hermana, soy tan afortunada de tenerte, que la vida entera no me alcanzará para decir gracias. Mucho se habla del amor de los padres hacia los hijos, pero yo he encontrado en nuestra relación uno de los amores más puros y entrañables.

Me has enseñado con el paso de los años lo que es la lealtad y la fidelidad. Y es que pese a nuestras diferencias, tú siempre has estado.

Cuando hubo personas que se burlaron y no me dieron crédito, tú, mi querida hermana, fuiste mi más férrea defensora.

Nuestra relación no ha sido perfecta, de hecho, recuerdo con nostalgia nuestras peleas infantiles. Pero el tiempo ha pasado, y con él, se ha forjado uno de los vínculos más especiales de toda nuestra existencia.

Le pido a Dios que te cuide, que te bendiga y que todo el bien que me has hecho, te lo devuelva multiplicado. Porque tú, mi querida hermana, que tanto te has preocupado por mi bienestar, mereces brillar más que cualquiera.

Tu cariño ha sido siempre sincero. Hasta mi madre ha llegado a mentirme, pero tú siempre has sido transparente. No has dejado que el amor te ciegue, me has amado de forma genuina a través de la verdad.

Incluso cuando discutimos, eres la mejor. Cuando reímos eres la más chistosa. Y cuando quieres hacer un drama por cualquier cosa, también eres única.

Hermana, mi vida es más bonita porque tú estás en ella. Me siento afortunada. Muchas veces he tenido yo que ser tu pilar y tu fuerza, pero ¿sabes? Lo he hecho con el mayor de los gustos.

Me has dado tanto, que siento que lo que hago por ti es mínimo. Le pido a Dios que me dé fuerza y salud para seguir estando para ti siempre que me necesites. También le pido que te dé tantos años como le plazca para seguirte disfrutando.

Perdóname si no lo digo muy a menudo, hermana, pero con esta carta quiero decirte dos cosas: ¡Gracias! Y ¡Te quiero!

No hace falta decir más, porque la gratitud y el amor resumen todo lo que siento por ti. Que Dios te bendiga hermana, y que la dicha te persiga a donde quiera que vayas, te alcance y nunca te suelte. ¡Salud!