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No es necesario herir para enseñar, ni ser herido para aprender…

No es necesario herir para enseñar, ni ser herido para aprender

A lo largo de nuestras vidas seremos aprendices, en la escuela, en el trabajo, en el amor, en el hogar, durante la paternidad… Siempre habrá un mentor en nuestras vidas, pero lo valioso es saber que no es necesario herir para enseñar, ni ser herido para aprender.

Hay generaciones que aprendieron con padres y maestros verdaderamente hirientes, que humillaban su espíritu pensando que de esa manera el niño respondería. En efecto, el niño se vio forzado a absorber el conocimiento por temor, pero ¿qué necesidad había?

De hecho, si fuiste un niño maltratado en tus primeros años de aprendizaje, es probable que ni siquiera recuerdes aquel conocimiento que te estaban forzando a aprender. Al contrario, recuerdas más la dramática situación en torno.

Muchos niños maltratados en el proceso de aprendizaje se convierten en adultos que ‘no les gusta estudiar’ y la razón es muy simple: asocian estudiar con sacrificarse. Porque tuvieron mentores verdaderamente difíciles que no les mostraron el camino de disfrute que realmente debería predominar en el aprendizaje.

No obstante existe el amor como forma de enseñanza, algo en lo que los teóricos de la educación han coincidido, y es que es mucho mejor enseñar a través del afecto.

Si crees que para aprender algo en la vida debes sufrir, es un signo de que tuviste malos mentores desde pequeño.

Hay personas que a menudo vinculan el amor con el sufrimiento, ‘no hay amor sin sufrimiento’ o ‘amar es sufrir’ o ‘el dolor es compañero del amor’, son algunas frases típicas. Si las has escuchado, o te has encontrado a ti misma diciéndolas, aprendiste a amar de una manera equivocada.

Porque el amor, así como el aprendizaje en general, son procesos y sensaciones positivas que no necesariamente deberían vincularse con una emoción negativa como consecuencia. Todo lo contrario, el proceso de aprender a amar, a desarrollar una nueva habilidad o adquirir un conocimiento, debe ser alentador, emocionante, energizante, inspirador y desencadenar un estado de satisfacción.

Claro que aprender, en cualquier contexto, implica esforzarte un poco más, pero esfuerzo y sufrimiento no son la misma cosa.

Por tanto, si te sometes a ti mismo a procesos de sufrimiento cada vez que intentas aprender algo, ve a la infancia. Tal parece que no aprendiste a aprender, lo cual es alarmante, porque la vida es un aprendizaje constante, y si asocias el aprendizaje con el sufrimiento tendrás más dificultades para ser feliz.

¡Qué bonito es estrenarse en una nueva habilidad, practicar un nuevo conocimiento o incluso madurar emocional! El aprendizaje es algo de lo que no te puedes perder. Y si estás en la posición de enseñar a otro, recuerda enseñar a través del amor y dejarás huellas positivas más profundas y duraderas en tu pupilo.