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No es la edad, sino las responsabilidades las que nos hacen madurar

No es la edad, sino las responsabilidades las que nos hacen madurar. No había leído una verdad tan contundente desde hace mucho.

Conozco personas de 30 que parecen de 15 y personas de 20 que parecen haber vivido mucho más tiempo. Todo tiene que ver con la experiencia. Las personas con una vida fácil, sin desafíos y con muchas comodidades, a menudo tardan más en madurar.

La razón es que las responsabilidades y las situaciones estresantes son las que forjan nuestro carácter y nos hacen personas más maduras.

Por eso recomiendo mucho que los niños tengan mascotas, no para que los traten como juguetes, sino para que desde muy pequeños aprendan el sentido de cuidar a otro y hacerse responsables.

Hay mascotas ideales para cada edad de los niños, puedes asesorarte con un experto para saber cuál es la más adecuada para tu hijo.

Dicho esto, retomando el tema de las responsabilidades, especialmente los hombres que quieren ser cabeza de hogar deben comenzar a asumir retos que les permitan forjar carácter desde muy temprana edad.

Casi siempre cuando un hombre llega al matrimonio, saliendo de casa de su madre y sin haber asumido mayores responsabilidades en ese hogar, el hombre es como un niño grande, que la esposa tiene que terminar de criar.

Es una situación bastante desagradable, a mi parecer. Por tanto, tras esta frase está reflexión que debemos hacer: si no somos lo suficientemente maduros a nuestra edad, tal vez nos haga falta asumir más responsabilidades.

De hecho nuestra generación se encuentra completamente infantilizada. No es lo mismo tener 30 años en el 2022, que tener 30 años en los 90. Por alguna razón, no terminamos de sentirnos ‘adultos’. Mientras que hace 30 o 40 años atrás, una persona en los 20 ya era un adulto en potencia.

En esto hay pros y contras, por un lado parece que nuestra generación es joven por mucho más tiempo, y en ese sentido tiene más ilusiones y ambiciones. Tal vez porque no hemos alcanzado ni la mitad de lo que nuestros padres tenían a nuestra edad.

Por otro lado, cada vez más tenemos adultos que se sienten como niños y no quieren dejar de serlo. Esto nos convierte en una sociedad cada vez más egoísta e inmadura.

Dicho esto, es importante que, pese a que nos sintamos más jóvenes, seamos capaces de aceptar nuestra edad y en ese orden proyectarnos hacia objetivos acordes con nuestra edad.

Una persona que no madura vivirá su vida a medias, porque se ha quedado estancada en una sola etapa de la vida. Y hay que saber que cada etapa de vida es hermosa, hay que disfrutarla y dejar de romantizar tanto la infancia como “la etapa más feliz”. Hoy también, a la edad que tienes, puedes ser feliz.