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Me curé de las falsas conversaciones, ahora solo hablo con gente genuina

amigos

Cuando le quite la careta a la gente que solo me hablaba por interés, no sentí más remordimientos de dejarles en visto.

Desde las personas sociables hasta las más tímidas, con el aumento de las apps de mensajería, han visto potenciada su vida social y se supone que la comunicación se vuelva más fluida.

Antes era mucho más difícil contactarse, ahora un mensaje de texto hace todo el trabajo. El problema con esto es que no siempre nos contactan las personas correctas.

Por alguna razón, porque nuestro número se filtra o porque lo damos bajo presión, terminamos recibiendo el mensaje de una persona a la que no deseamos dar respuesta ni sostener una conversación.

La mayoría de las veces contestamos por amabilidad. Pero llega una edad en la que “ya no estamos para esos trotes”. Es decir, no queremos tener conversaciones falsas.

El tiempo se vuelve valioso, sobre todo el tiempo libre de ocupaciones. No queremos invertirlo en una conversación en la que la única persona beneficiada es la otra parte.

¿Te ha pasado? Personas que te escriben solo porque tienes algo que les interesa, pero que genuinamente no tienen ninguna conexión contigo ni les importas tú.

Lo difícil es aprender a identificar estas personas. Y llegada cierta edad, uno aprende a ver de lejos con qué intenciones se acerca una persona. Es lo bueno de la experiencia, que te ayuda a no caer en la misma trampa dos veces.

El consejo del día, reflexionando un poco sobre esto, es: no malgastes tu tiempo. Habla con quien quieres hablar y cierra la puerta a las personas que solo quieren hablarte por interés sin remordimiento.

Muchas veces nos sentimos en la obligación de ayudar. Pero los valores como la generosidad, la empatía o la compasión son naturales no impuestos.

Mucha gente arruina su propia paz forzándose a hacer cosas por otros que realmente no quieren hacer. Si ayudas, que sea natural. Porque con la mayoría de personas no tienes obligación.

Lo que sucede cuando te obligas a ser “bueno” con personas que ni siquiera forman parte de tu familia o de tu gente cercana, es que terminas desgastando tu energía, recursos y esfuerzos. Y cuando la gente que más te importa te necesita, estás irritable o no tienes como ayudarle.

Por supuesto, si te nace ayudar a un desconocido, aun cuando sabes que te busca por puro interés, hazlo, no detengas la generosidad que brota de tu corazón. El mensaje es, no te obligues ni mucho menos te sientas presionado o responsable como para hacerlo.

Vive libre de remordimientos. Actúa de forma natural y todo lo que siembres lo cosecharás multiplicado.