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Las palabras tienen un poder inconmensurable. El silencio también

Las palabras tienen un poder inconmensurable. El silencio también

Un refrán muy sabio dice: “las palabras son plata, el silencio es oro” ¡Qué verdad tan profunda!

Las palabras pueden ser muy útiles, de hecho son nuestra moneda de cambio en la comunicación cotidiana. Pero a veces ¡cuán valioso es el silencio!

Sobre todo en estos días que tenemos tantos medios para comunicarnos, todo el mundo quiere expresar su opinión como si de hechos se tratara. No importa el tema, todos somos expertos.

No nos estamos escuchando. Somos la sociedad, hablando generacionalmente, con más voz y al mismo tiempo la más sorda.

Para nuestra generación es fácil proferir un insulto, pero difícil entregar una disculpa. De hecho, las disculpas casi nunca llegan.

El que mucho habla, mucho se equivoca. Mientras más nos abrimos a expresar opiniones más propensos somos a cometer errores. Pero ese no es el único problema, también está el hecho de que no nos hacemos responsables de nuestras palabras, es decir, hablamos con ligereza pero no nos disculpamos rápidamente.

En ese sentido, como sociedad somos muy agresivos, escuchamos poco y hablamos demasiado. Así que la invitación a través de esta corta reflexión es volver a aprender a escuchar.

No importa qué tan tentador sea decir las cosas incendiarias que tienes para decir, guarda silencio.

Las generaciones antes de nosotros fueron muy reprimidas, sus voces fueron acalladas desde la infancia. No se les permitía siquiera hablar entre adultos. Estaban al otro extremo.

A nuestra generación se le ha dado tanta voz que mucho de lo que tenemos para decir es completamente absurdo y no aporta valor, sin embargo, lo pesamos en la misma balanza que las más poderosas verdades.

Esa es la razón por la cual nuestros famosos y celebridades, la gente a la que le damos algo de reconocimiento, trasmiten su vanidad a través de las redes sociales y otros medios de comunicación, y lo consumimos en masa sin reparo.

Objetivamente, lo que tienen para decir no hace un aporte significativo a nuestras vidas. Sin embargo, que hablen de su rutina matutina es tan importante que conecta a miles o millones de personas en vivo.

Paralelamente, replicamos este comportamiento de forma micro, pues no tenemos la cantidad de audiencia que tiene una celebridad. Consideramos nuestras opiniones más banales como hechos de gran importancia que merecen ser escuchadas.

En pro de la libertad de expresión de la que gozamos, no medimos las palabras, desinformamos, lastimamos, insultamos, perjuramos, condenamos, rechazamos y odiamos sin reparo.

Si lo que tuviéramos para decir fueran palabras edificantes de amor, no habría ningún problema en hablar demasiado. Sin embargo, mientras el ser humano le da más rienda suelta a su lengua, mayor maldad propaga.

“Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!” Santiago 3:5.

Las palabras tienen un poder asombroso, tanto para construir como para destruir. Hay que saber usarlas sabiamente en la comunicación.

Pero hay un poder que todos tenemos y que pocos ponen en práctica: guardar silencio. Guarda silencio y evitarás el odio, guarda silencio y estarás en paz, no lo digas y cuida el corazón de los que te rodean.