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La parábola del colibrí: Una historia sobre la determinación

La parábola del colibrí

En un antiguo y extenso bosque, lleno de árboles y plantas, vivían muchas especies de animales, cada uno a su manera. Con la llegada del verano, también llegó la sequía, que empezó a provocar incendios en el hábitat natural.

El fuego se propagó rápidamente y los animales estaban aterrados. Tratando de salvar sus propias vidas, comenzaron a huir.

Los animales del bosque huían hacia una misma dirección ¡lejos del fuego! Todos, menos uno: un pequeño colibrí.

El colibrí corría hacia el fuego en lugar de huir de él. Penetró en el bosque a través de la adversidad de las llamas hasta llegar a un lago. Llenó su piquito con unas gotas de agua y comenzó a dejarlas caer sobre las llamas.

Como su pico solo podía almacenar muy poca agua, el colibrí viajaba hacia el lago y repetía el proceso una y otra vez. Su impacto era mínimo ante el fuego, sin embargo, nunca se rindió.

Los demás animales, que al principio pensaban que la penosa labor del colibrí era absurda, al ver tanta obstinación se sintieron maravillados.

Para ellos, la única solución era marcharse y comenzar de nuevo en un nuevo lugar. Después de un rato, un elefante le preguntó al colibrí:

¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no huyes del fuego y tratas de salvar tu vida?

A lo que el colibrí respondió en medio de su obstinada faena:

“Mi vida está en este bosque, mi nido y todo lo que he construido, como todos ustedes. No quiero que lo destruyan, y me rompería el corazón saber que no hice nada para tratar de salvarlo. Así que estoy haciendo lo que puedo para intentar apagar ese fuego y salvar lo que es importante para mí”.

Los demás animales, aunque maravillados, todavía estaban incrédulos y le dijeron:

“Pero todo lo que puedes hacer es dejar caer unas gotas de agua sobre este fuego. Esto es inútil, nunca podrás apagar el fuego por ti mismo”.

Y el colibrí replicó:

“Puede que tengan razón, pero aun así no dejaré de hacer mi parte”.

Luego de esta pequeña charla, volvió al lago a llenar su piquito de agua para mitigar el fuego. La determinación del colibrí era tan poderosa que los animales se dieron cuenta de que él solo no podría salvar su hogar, pero si todos eran tan determinados como él, seguro podrían apagar las llamas.

Así que todos fueron al lago y llevaron el agua lo mejor que pudieron. Después de mucho tiempo, combatieron todo el fuego y recuperaron su hogar.

Moraleja:

Lo que esta parábola nos enseña es que la determinación es una fuerza interior que no debe depender de los estímulos externos. Con la perspectiva correcta, podemos permanecer enfocados aunque no veamos cambios significativos.

Y si somos dedicados y trabajamos con esfuerzo, pronto veremos los frutos, sin importar si estos no se generan a partir de nuestro potencial para hacer, sino de nuestro potencial para hacer creer a los demás.