abril 18, 2021
hijos de la generación X

El problema de la crianza de los hijos de la generación X

Llevamos a nuestros hijos al ajedrez, robótica, práctica de béisbol, ballet, violonchelo, clases de natación y fiestas de cumpleaños.  Insistimos en que tales actividades los hacen mejores personas.

Rara vez están fuera de nuestra vista. Son nuestras extensiones, los cogollos que cuelgan de nuestros tallos, la calidad, la durabilidad y el carácter de su floración dependen totalmente de nuestro cuidado.

Los guardamos en arneses cuando eran bebés, en mochilas y cochecitos cuando eran niños pequeños, los atamos con correas estando en edad preescolar y usamos GPS y aplicaciones para monitorear su paradero cuando están adolescentes.

Anteriormente, no nos atrevíamos a decirles a nuestros padres que no nos gustaba la comida. Teníamos que limpiar nuestros platos, pulir hasta la última miga y, si no lo hacíamos, nos enterabamos de los niños hambrientos en los países del tercer mundo.

Ahora, como padres, somos esclavos durante horas en la cocina perfeccionando las comidas éticas, sin gluten, locales, orgánicas, artesanales, hechas a mano, sin hormonas, etc.

En nuestra juventud, hacíamos tareas domésticas. Fregamos pisos de linóleo, doblamos la ropa, pulimos plata, fregamos inodoros, planchamos cortinas o lavamos autos. Completábamos los quehaceres porque nuestros padres “lo decían”.

No había “tablas de tareas” adornadas con pegatinas brillantes o caras sonrientes, y casi nunca nos pagaban por el trabajo doméstico. Para ganar dinero, entregabamos periódicos, cortabamos césped, empaquetabamos comestibles, contestabamos teléfonos y limpiabamos mesas en restaurantes.

Nuestros propios hijos reciben prestaciones por el mero hecho de existir. Están demasiado “ocupados” para mantener trabajos reales. Tienen una variedad vertiginosa de “opciones”.  Incluso pueden elegir su propia disciplina.

Tuvimos que aprender cursiva. Diagramabamos oraciones. Nuestras calificaciones nunca se desviaron cuando toda la clase reprobó un examen. En su mayor parte, nuestros padres se mantuvieron alejados de nuestras escuelas, confiaron en nuestros maestros y los dejaron a cargo de nuestra educación.

Dentro de unos años, cuando nuestros hijos sean mayores, se quejarán de que los amamos demasiado, que no les enseñamos cómo ganarse la vida, cómo hacer un presupuesto, que deberíamos haber dejado que cometieran más errores y ser más independientes.

Llegaremos a entender que nuestros hijos probablemente estén tan jodidos como nosotros.

Comparte esta reflexión con tus amigos y familiares a través de las redes sociales, además nos gustaría que nos dejes tu opinión sobre la crianza actual.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *