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La canoa rota: Una parábola asombrosa sobre el miedo al cambio

La canoa rota: Una parábola asombrosa sobre el miedo al cambio

Muchas personas ni siquiera saben que tienen miedo al cambio, hasta que les toca enfrentarlo. La siguiente parábola puede ser muy aleccionadora al respecto y puede darte el coraje que necesitas para aprender a salir de la zona de confort.

Parábola de la canoa rota

Un pescador y su familia vivían a la orilla de un río. Por mucho tiempo, la pesca fue suficiente para sustentar a la familia, pero ahora, el río cada vez traía menos peces.

Su canoa o embarcación de pesca era vieja, también sus herramientas, pero como no estaba obteniendo lo suficiente el pescador tenía que arreglarlo todo por sí mismo.

Un día pasó por allí un viejo excursionista y le preguntó si podía pasar la noche en su casa. La casa del pescador era muy sencilla y apenas tenían para comer ellos, pero el pescador con amabilidad y cortesía lo acogió y le dio la mejor habitación de la misma.

A la mañana siguiente, el excursionista agradecido preguntó al pescador cómo podía agradecerle su hospitalidad. El pescador por su lado vio que el excursionista era tan pobre como él, así que respondió:

“Percibo que eres un hombre sabio y que has visto mucho. Agradéceme con consejos sobre cómo salir de la pobreza, eso será suficiente”.

“Muy bien”, dijo el caminante. “¡Para salir de la pobreza, necesitas ahogar tu canoa!”.

Después de eso el excursionista se fue y nunca más fue visto por el pescador y su familia. El consejo le pareció al pescador absurdo, pues el bote era la única herramienta que garantizaba sustento a su familia todos los días.

El pescador evidentemente no siguió el consejo, y batalló con su canoa y las pocas provisiones que le daba el río. Sin embargo, un día que el río estaba embravecido la canoa sufrió graves daños y se rompió.

Así que la familia, desesperanzada, recogió todas sus pertenencias y dejó su humilde hogar en busca de nuevos horizontes para no morir de hambre.

Unos kilómetros después, encontraron un pueblo de pescadores muy próspero, repleto de embarcaciones de colores de todos los estilos y tamaños. El pescador estaba feliz de ver tanta variedad de canoas, pero no tenía dinero para comprar ninguna.

Entonces se sentó a la orilla del río a reflexionar mientras miraba las canoas, hasta que se dio cuenta que una de estas embarcaciones necesitaba una reparación. Había ganado suficiente experiencia como para encargarse de este trabajo.

El pescador no solo reparó la canoa con presteza, sino que empezó a estudiar y a perfeccionarse en el arte de la ebanistería y las embarcaciones.

Pronto, su trabajo fue reconocido en las poblaciones aledañas. Muchos pescadores le entregaban sus barcos para que los dejara como nuevos.

Este trabajo le permitió comprar una nueva casa para su familia y tener abundancia de pan en el hogar. Finalmente, el consejo del excursionista cobraba sentido.

Esta parábola nos enseña que a veces es necesario romper la canoa, es decir, aquello que nos da seguridad pero que al mismo tiempo nos mantiene atados a un estilo de vida limitado y que no nos deja ahondar en otras posibilidades. Hay mucho potencial en ti sin explorar.