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«Hijo, en la vida, sé como un cactus». El sabio consejo que me dio mi abuela

cactus

Que maravilloso privilegio crecer con la compañía de una sabia abuela, de allí tengo los mejores consejos que me acompañarán toda la vida. ¿Tú también?

He escuchado muchos consejos, de muchas abuelas, pero uno de los más bonitos y de los más sabios es el que te voy a compartir en este post. Espero sepas valorarlo y ponerlo en práctica.

Este consejo de abuela sirve para todas las edades, todos los contextos y todas las personas. Si logras internalizarlo, seguramente serás una persona más fuerte y más sabia.

Sin más dilación, aquí va el tan esperado consejo, seguido por una explicación de cómo este pequeño consejo puede cambiar la vida de cualquier persona.

Mi abuela una vez me dijo: “Hijo, en la vida, sé como un cactus. Adáptate a cualquier momento, tiempo y circunstancia… Sé fuerte y aun así, nunca dejes de florecer”.

En pocas palabras, mi abuela me dijo aprende a ser fuerte, flexible y gentil al mismo tiempo. Es una combinación poderosa para ser feliz sin hacerle daño a nadie.

Es cierto que muchas personas son fuertes y persiguen el éxito a toda costa. Pero en el camino, se olvidan de la belleza de la gentileza.

El cactus, sobreviviendo en las condiciones más precarias y en respuesta a los ambientes más áridos, regala una flor.

Si bien tiene espinas para protegerse, también regala flores como gratitud aún por lo poco que recibe.

¡Qué sabio es el cactus ante la vida que le tocó vivir! El cactus no es una especie de tierra generosa, fértil ni grata. Todo lo contrario, está destinado a los desafíos más grandes para poder vivir. Y no solo vive ¡florece!

Lo que me decía la abuela es que no importa qué tan dura sea la vida que te tocó vivir, no solo sobrevivas ¡florece!

El florecimiento de cada uno no depende de los demás, es decir no depende del ambiente en el que nos desenvolvemos. En su lugar viene de la manera como percibimos los estímulos externos y cómo estamos dispuestos a responder.

Con todo esto, la conclusión es que a pesar de que nos encontremos en un ambiente hostil, aprendamos a ser de bendición. Debemos estar equipados con espinas para defendernos ante las adversidades, pero cuando se trate de personas, regalemos una flor, no una espina.

Que las personas nos conozcan por nuestra gentileza, que no tengan que justificar nuestra majadería con frases como “es que ha tenido una vida muy dura”.

Es mejor que digan cosas como “a pesar de haber tenido una vida tan dura, siempre es gentil, generoso y amable”. Eso es la flor del cactus para el desierto.