octubre 24, 2020

Estudié el brote de ébola de 2014. Aquí está la lección que no aprendimos.

La periodista Lara Salahi estudió el brote del ébola en África Occidental en 2014. Se unió al genetista computacional Dr. Pardis Sabeti para encuestar a más de 200 personas que respondieron al ébola para que contaran su experiencia.

Salahi cuenta que su investigación centrada en Sierra Leona se vio entorpecida por las restricciones del gobierno. El trabajo de encuestas de Sabeti se hizo especialmente difícil, al punto que el virólogo que trabajaba con él se enfermó de ébola y murió. Según la experiencia de Salahí, el brote de ébola fue tan mortal, gracias a las restricciones políticas respecto a la información y todos los bloqueos aplicados.

“Casi todos los encuestados de nuestra encuesta descubrieron que, en ocasiones, los desafíos políticos e interpersonales ralentizaron la respuesta al brote. Según los informes, muchos temían más a la política que al virus”, señala Salahi.

Según esta periodista, durante el brote de ébola, más de una cuarta parte de los encuestados señalo haber sido testigo o víctima de tácticas ilegales o poco éticas. Estas tácticas reportadas incluyen: dinero y otras formas de ayuda que desaparecen antes de llegar a sus destinatarios; equipo de protección personal inadecuado e intencionalmente defectuoso enviado a los trabajadores de salud que tratan a pacientes con ébola; prácticas competitivas perjudiciales como la intimidación y el acaparamiento de datos para evitar que algunos realicen investigaciones en el campo.

Estos mismos problemas habían sido reportados en brotes de virus anteriores, como el VIH, SARS, el Zika y el MERS. Para Salahi, periodista especializada en temas de salud, ningún brote le había causado tanto temor como la epidemia del ébola; casi 30,000 personas fueron infectadas con el virus, y más de 11,000 murieron en los tres países más afectados: Sierra Leona, Liberia y Guinea. Cuando el ébola surgió, ningún país estaba preparado, incluso EEUU que registró 11 casos, no sabía ni dónde tratar a los pacientes, pues parece que ningún país toma medidas de sanidad preparadas para enfermedades contagiosas.

Según Salahi, lo que pasa ahora mismo con el COVID-19, parece seguir el mismo guion. Cuando el ébola surgió, muchas personas no se tomaban el virus en serio y decían que no era real y eso ayudó con la propagación. Durante este virus de 2014, las personas no querían cumplir con el distanciamiento social, querían asistir a funerales y a cumplir con sus rituales culturales y religiosos. Lo mismo que está pasando con el COVID-19, que muchas personas romper el aislamiento por las mismas razones.

Si bien se aprendieron muchas lecciones del brote del ébola en 2014, Salahi señala que hay tres problemas fundamentales que ayudan a la propagación del coronavirus y que definitivamente no hemos aprendido: el escepticismo de la gente, la desinformación y obstrucción de la información por parte de los gobiernos y el irrespeto (por razones culturales o religiosas) del aislamiento preventivo.

“Aunque se aprendieron lecciones durante el brote de Ébola, la cultura de respuesta no ha cambiado y se aplican algunos de los mismos desafíos”, dice Salahi.

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