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En tiempos de envidia, el ciego comienza a ver, el mudo a hablar y el sordo a oír. Las sabias palabras de mi abuelo

abuelo

Mi abuelo una vez me dijo: “En tiempos de envidia, el ciego comienza a ver, el mudo a hablar y el sordo a oír”. Esto, para enseñarme a guardar silencio respecto a mi éxito personal.

No lo entendí perfectamente en ese entonces, era una niña, pero con el paso del tiempo y las experiencias poco gratas, he comprendido las sabias palabras de aquel anciano entrañable.

Cuando tengas algo que los demás puedan codiciar, ya sea una bonita relación, una familia encantadora o un trabajo próspero, es mejor que te mantengas sobrio y prudente, porque como dice otro refrán, “la envidia tiene el sueño ligero”.

Cuando tengas algo que los demás puedan codiciar, las personas que nunca se han fijado en ti ni te han dado mérito (los ciegos), comenzarán a notarte para bien o para mal. Y naturalmente se acercarán a ti.

Asimismo, la persona que nunca te tuvo en cuenta y que apenas te dirigía la palabra (el mudo), de pronto sentirá especial interés en entablar una plática contigo.

Y finalmente, la persona que nunca atendió tus pedidos de ayuda, que siempre estaba demasiado ocupada para ti y que prefería hablar más de sí misma (el sordo) aparentemente ahora tendrá tiempo para prestarte atención.

¿Qué significa todo esto? Que el éxito despierta intereses no genuinos por parte de otras personas. Así que cuando empieces a brillar en algún aspecto de tu vida, procura mantener cerca a aquellas personas que te acompañaron en los momentos menos favorables.

Las personas leales saben permanecer en las buenas y en las malas, pero se conocen únicamente durante las malas situaciones.

Así que no te sientas afortunado si ahora que estás teniendo éxito muchas personas se acercan a ti. En su lugar, sé prudente. Escudriña cada palabra, cada abrazo y cada gesto antes de calificar a una persona como confiable.

Y cuando se trate de tus planes y logros, espero, querido lector, que puedas recordar las sabias palabras de mi abuelo, y solo le cuentes a las personas que son verdaderamente cercanas a ti, que sabes que se alegrarán y que no sacarán provecho de ti.

Porque el éxito es más bonito cuando se comparte, es verdad, pero antes, hay que encontrar con quién compartirlo. No todo el mundo merece tal privilegio en tu vida.

Haciendo esto probablemente obtengas menos aplausos, pero los que tengas, serán de todo corazón y librarás tu alma de la envidia, que es un sentimiento que, lo creas o no, puede generar mucha carga y entorpecer los proyectos.

Mantente prudente y verás cómo te rodeas de gente más sincera.