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El sentimiento de culpa en las madres: Un verdugo muy común

El sentimiento de culpa en las madres

El sentimiento de culpa y la maternidad son dos realidades que van de la mano. No importa la edad, la nacionalidad o la creencia, es bastante frecuente que las madres piensen que son responsables de la felicidad y la realización de sus hijos.

Si bien el papel de una madre es dotar al niño de las mejores herramientas para afrontar la vida, lo cierto es que nada está garantizado y no existe una fórmula mágica para la maternidad.

Es por eso que existe una línea muy estrecha entre la verdadera responsabilidad que tiene una madre hacia su hijo, y la carga adicional que asume para que su hijo sea feliz y que se convierte rápidamente en un verdugo que la hace sentir culpable por cualquier cosa no planificada que suceda.

La maternidad y el sentimiento de culpa

Las madres pueden llegar incluso a culpabilizarse por sentirse culpables. Si este sentimiento no se trata puede convertirse en un verdadero infierno.

Toda madre comete errores recurrentes y siembre habrá fallas en la crianza. Pero hay madres que se auto exigen demasiado y llenas de buenas intenciones, terminan deprimidas porque están intentando ejercer un control excesivo sobre las situaciones.

Si te identificas con esto, ten en cuenta lo siguiente:

  • Lo mejor para tu hijo es tener una mamá sana y feliz.
  • Necesitas administrar mejor tu tiempo de modo que siempre quede un espacio para la mujer que está detrás del rol de madre.

Si estás dos cosas son prioridad en tu vida, tendrás un mejor equilibrio en la crianza y podrás lidiar mejor con ese sentimiento de culpa.

Finalmente, también es importante que aprendas a confiar en tu hijo. No importa qué tanto te esfuerces, es natural que tu hijo cometa errores, se le dificulten aspectos de la vida y fracase en alguna área. Todo esto también forma parte de su desarrollo, pues le enseñará a ser una persona más resiliente y a lidiar con la frustración.

La maternidad no se trata de evadir los errores, fracasos y situaciones adversas del niño, sino de saber sortearlas.

Mantén una línea de comunicación abierta con tu hijo. Enséñale que se pueden cometer errores y no intentes ser ‘perfecta’ con la intención de que tu hijo no replique tus fracasos. Simplemente enseña a tu hijo con el ejemplo cómo se lidia con la frustración.

Recuerda que el mundo es constantemente imperfecto, insatisfactoria y a veces cruel. Por tanto, el niño valiente que estás criando no necesita que construyas una versión de mundo diferente para él, sino que le enseñes desde dentro, cómo hacer del mundo un lugar mejor y cómo reponerse ante la adversidad.

Con esto, tu misión de madre va por buen camino. Que nadie te haga pensar o sentir lo contrario.