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El que habla bonito y no vive lo que dice ¡se equivoca!

El que habla bonito y no vive lo que dice ¡se equivoca!

Si habla muy bonito, pero no vive lo que dice ¡desconfía!

Hay personas de las cuales debemos aprender lo que hablan, pero no lo que hacen. En esto hay sabiduría. Porque si ciertamente nos basáramos solo en su modo de vivir para juzgar las cosas bonitas que dicen, no tendrían ningún valor ante nosotros.

Hay personas que hablan de paz y viven en guerra, que defienden la verdad con palabras pero mienten, que promulgan su humildad pero son soberbias, que hablan de no juzgar pero critican a todos.

Estas personas están equivocadas, tal vez no en lo que dicen, sino en su incongruencia comunicacional.

Con su boca, pueden decir grandes verdades y vale la pena oírlas, pero sus actos gritan lo contrario. Son incongruentes y no han entendido el sentido de las palabras.

Las palabras deberían ser un reflejo del corazón y la mente. Cuando las palabras van en una dirección y la manera de ser en otra, somos incongruentes.

Esto no solo es un problema para quien escucha, más bien es una gran lucha que experimenta quien habla, porque no está logrando conciliar sus palabras con su manera de vivir.

Ya sea por negación, por orgullo o incluso adrede, la mente de las personas que dicen una cosa y hacen otra es un caos. Solo imagina lo difícil que puede ser vivir con uno mismo teniendo tanto conocimiento, sabiduría o pensamientos reflexivos sin poder aplicarlos a la vida propia.

Esta persona que habla algo y hace lo contrario está equivocada en su manera de vivir. Y a esta conclusión no llegamos para emitir un juicio, sino por el contrario, para ver la situación desde otra perspectiva y ayudarle.

Todos conocemos seguramente a alguien que habla demasiado, dice cosas que parecen tener sentido y hasta lanza algunas perlas de sabiduría de vez en cuando. Sin embargo, su vida no refleja nada de lo que dice. Si no conocemos a alguien así, puede que seamos nosotros mismos.

Es probable que estas personas ya hayan notado que su vida no está en consonancia con lo que están hablando, así que no hay necesidad de que se lo recalquemos. En su lugar, deberíamos entablar vías de comunicación para encontrar dónde está ocurriendo esta desconexión.

Porque si esta persona que habla tan bonito pudiera aplicar al menos una cuarta parte de lo que dice ¿no sería un maravilloso ser humano?

Si quieres contribuir en su crecimiento, no le juzgues, en su lugar, con dulzura, hazle ver que debe conciliar sus palabras con sus actos. Enséñale a no sentirse juzgado, porque las personas que más hablan a menudo son las que más se sienten culpables. Encuentran en el disertar sobre la vida de los demás un consuelo para su falta de amor propio e inseguridades.

Por tanto, anímale a esta persona a creer en sí misma, a recuperar su confianza y a trabajar en su propia vida. También aliéntale a aprender a guardar silencio y dejar que sus acciones hablen.