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Cuando un niño colme tu paciencia, míralo directamente a los ojos y di esto:

consejo

Criar a un niño es una tarea tan compleja, que a menudo sentirás que pierdes toda tu paciencia, y especialmente cuando te haga una rabieta, te sentirás tentado a acudir a la violencia ya sea física o verbal.

Al menos una vez a la semana (y estamos siendo optimistas) las madres o padres necesitan alzar la voz para sentirse escuchados por sus hijos, simplemente porque no están obedeciendo o están teniendo un comportamiento que se siente insoportable.

Ningún padre o madre con buena estabilidad mental y salud emocional quiere estar pegando o gritando a sus hijos. Sin embargo, las situaciones de alto estrés a veces les arrastran a este desenlace.

Leo Fraiman, psicoterapeuta especialista en psicología educativa, es un profesional de gran sabiduría que ofrece asesoramiento a los padres y tutores en temas de educación y relaciones con los hijos, procurando siempre un sano ambiente familiar.

En una entrevista con el programa Todo Seu, Fraiman habló un poco sobre cómo la agresividad puede complicar la relación entre padres e hijos y cuál es la mejor estrategia para solucionar los berrinches o problemas de conducta.

En primer lugar, Fraiman no se opone por completo a los regaños o los jalones de oreja, porque todos alguna vez recibimos una reprimenda de estas y señala que en su experiencia nadie termina yendo a terapia por esto.

El especialista apunta que quien nunca haya tenido ganas de azotar o tirar de la oreja del niño estará mintiendo, pero añade que ciertos tipos de agresiones “deshonran”, sobre todo las agresiones físicas.

Una vez dicho esto, el especialista avanzó para aconsejar a los padres sobre cómo tratar a sus hijos cuando se pasen de la raya. En ese contexto dijo que lo que hay que hacer es sujetarlos por los hombros, mirarlos fijamente a los ojos y decirles:

“¡Ya basta! Te vas a tu habitación ahora mismo”.

Esta actitud, que es una acción física de contención, con el fin de establecer límites, pone orden en la casa, muestra al niño quién realmente manda, pero no lo pone en situación de víctima de agresión. 

Fraiman agregó que no hace falta tener la mano lista para dar palmadas todo el tiempo. Y dijo que por su experiencia, los niños que han sido tratados con agresión, intentan agredir a sus padres cuando llegan a la edad de 10 u 11 años.

La psicoterapeuta relató haber visto varias situaciones como esta, en las que los niños pegaban a sus padres porque crecían aprendiendo que, ante los límites, no hay reglas. “Si papá me pega cuando está frustrado, yo también puedo reaccionar de la misma manera”, sería el razonamiento.