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Cada niño es un libro abierto de lo que vive en casa

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Los niños son muy sinceros, a veces demasiado. Y pueden ser como un libro abierto de cómo se comportan los padres en el hogar.

Un niño respetuoso antes ha recibido respeto. Un niño cariñoso y amable ha sido tratado con amabilidad. Y un niño obediente ha sido tratado con consideración.

Asimismo, un niño feliz refleja un estilo de crianza saludable y una buena relación con mamá y papá.

Por tanto, el mal comportamiento de un niño, es como un síntoma de la gran enfermedad que hay en un hogar. A menudo los niños que maltratan a otros niños son el reflejo de un hogar violento.

Lamentablemente, cuando vemos a niños malcriados o con mal comportamiento, tendemos a juzgarlos sin ponernos a reflexionar si hay algo de fondo.

Por supuesto hay casos de niños con déficit de atención en los que los padres son sumamente amorosos, pero la condición del niño es la principal causa del comportamiento.

Pero fuera de las causas neurológicas y psiquiátricas, a menudo un niño sabe expresar muy bien lo que está viviendo en casa.

Y es que los niños son como espejos, reflejan el comportamiento de los padres. Por tanto, la próxima vez que veas un niño con un comportamiento que consideras inadecuado, antes de hacerle una mala cara y catalogarlo como un ‘niño malo’ procura reflexionar sobre la raíz del problema.

A veces los  ‘niños malos’ son víctimas de maltrato físico, verbal y psicológico. Otras veces, su hogar está atravesando una situación especialmente difícil, ya sea por la separación de sus padres, los problemas económicos, de salud u otros.

Como adultos, debemos tener la madurez para reflexionar. No obstante, nuestra sociedad actual vive en un entorno tan acelerado que no tenemos tiempo de digerir la información y los estímulos que recibimos, y mucho menos tenemos tiempo de reflexionar.

Así que la invitación es a reflexionar sobre esto con nuestros hijos y con los de los demás. Por otro lado, si ves a tu hijo siendo gentil, respetuoso y obediente, significa que estás haciendo un gran trabajo.

Recuerda que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Por tanto, es importante que cualquier comportamiento o virtud que quieras ver en tu hijo, antes sea una realidad cotidiana en ti.

Esto quiere decir que para educar a un niño primero hay que educarse a uno mismo. La fórmula es sencilla cuando como padre, naturalmente has trabajado en ti mismo. Pero muy difícil si quieres enseñar algo bueno danto un mal ejemplo.

Así que pon atención a cómo te diriges y tu pequeño imitador seguirá tus pasos.