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Aprendí que cuanto más me amo, más avanzo. Aprendí que un día más es una bendición de Dios.

Aprendí que cuanto más me amo, más avanzo

¡Finalmente encontré la clave del éxito y es como oro puro! Se llama amor propio, mientras menos me agobio y más procuro mi paz interior, avanzo en aquello que me parecía imposible.

Tratarse a uno mismo con gentileza es la clave. Si bien se puede llegar lejos auto exigiéndose, también se puede llegar lejos sin maltratarse a uno mismo.

¿Por qué somos tan duros con nosotros mismos? Algunas personas pecan por pereza, otras pecan por ser demasiado demandantes consigo mismas, solo una enfermedad es capaz de hacerles tomar una pausa ¡no está bien!

Cada día es una bendición de Dios, pero no podemos notar lo bonito de la cotidianidad porque estamos inmersos en un futuro que no ha llegado. Como sociedad, estamos muy estresados.

El estrés nos hace creer que si no corremos, que si no nos exprimimos hasta lo último, no tendremos éxito. Muchas personas, tras un tiempo con este estilo de vida lo pagan con su salud mental.

Ninguna clase de ‘éxito’ vale tu salud mental, en lo absoluto. Nuevamente, hay que aprender a tratarse con gentileza, mirarse a uno mismo y sus necesidades, ponerse en primer lugar y caminar al ritmo más cómodo.

Porque la victoria está más cerca de los que saben cómo disfrutar la vida. Evidentemente los bueno de la vida no es ni para los flojos ni para los que se conforman, pero ten en cuenta que lo peor de los trastornos de salud mental está del lado de los que se frustran y se critican demasiado.

Balance, esa es la clave. Hay que avanzar, sí, pero en el camino hay que cuidar la mente, el corazón y ser felices. Porque si no eres feliz con lo que haces ¿qué sentido tiene?

Puede parecer romántico y excesivo, incluso hay ocasiones en las que la felicidad parece estar fuera del alcance de nuestra cotidianidad, pero si te detienes a pensar, tal vez solo necesitas un cambio de enfoque.

Supongamos que estás en un empleo que odias y no puedes dejarlo porque tus necesidades económicas no te lo permiten. Tienes dos opciones: dejarlo (siempre se puede, aun cuando uno cree que no se puede) o cambiar el enfoque y centrarte en el beneficio más que en el sacrificio.

Evidentemente no podemos pintar todo el mundo de colores. Tendremos momentos amargos y pasaremos por situaciones dolorosas. Pero, quien aprende a tratarse con gentileza, aprende de todo en la vida, no se queda con la herida, se queda con la enseñanza.

Yo decidí estresarme menos y reposar, en este caso a través de mi fe en Dios. Porque definitivamente se trata de una decisión. Desde ese momento, ha sucedido lo que ha tenido que suceder, pero siempre ha sido (por malo que parezca) en mi beneficio.

Por eso considero esta fórmula como genuina: cuanto más me amo, más avanzo y tengo la plena confianza de que las bendiciones de Dios nunca dejarán de llegar.